domingo, 26 de abril de 2009

Fin de semana Influenziado


Así es, este fue un fin de semana raro, eso de que el mundo volteé a a ver a México con ojos de espanto y repulsión por estar virulentos me resulta simpático. Estoy de acuerdo que hay mucho americanista en este país, pero no todos somos así, jajaja, no es cierto, pero lo que sí es que es alarmante la situación, nunca había visto nada similiar, y si preguntamos a nuestros familiares, incluso aquellos que son más longévos, dirán que nunca se ha visto algo similar.

El sábado fui a Cuernavaca y el ejército está en las calles repartiendo cubrebocas a todos los que salen de la capital, estando allá existe también el temor por aquello de la vecindad. Sobre todo porque los chilangos somos gustosos de pasar allá algunos fines de semana. En mi estancia no fue la excepción y aunque no había un tráfico excepcional sí había mucho defeño en la autopista y en Galerías Cuernavaca.

Hoy domingo fui a dejar mi moto a servicio y a que le compusieran la alforja que se le rompió y ahora fue el turno de ver a la Marina entregando cubrebocas entre la población civil. No es ya raro ver a gente con cubrebocas en todos lados. La epidemia se está expandiendo por el mundo, México da de que hablar, pero como la mayoría de las veces, no es por algo bueno.

A ver en qué termina todo esto, pero de que no pinta nada bien, pues no hay duda.

miércoles, 22 de abril de 2009

De lo cotidiano que no vemos

Se respira algo distinto en estos días, no hay duda. No se si es el inconsciente o simplemente la sugestión de quien sabe que algo sucederá aunque no lo crea.


Hoy me puse a pensar en todo lo que uno hace en su vida cotidiana y que no se le pone atención. Son estas pequeñeces lo que causan nostalgia sobre vivencias del pasado. Hoy por ejemplo me puse a pensar desde que estacioné el carro en las ya sabidas 5 cuadras de distancia (por aquello del no-estacionamiento). El tiempo que me lleva caminarlas rodeado de árboles y una combinación extraña entre casas, casas-oficina y edificios que caracteriza a esta zona de la colonia Del Valle. Las reminiscencias de las jacarandas en el suelo evocando sus últimos días ante la inminente llegada del verano. El cielo azul.
Llegar a la cuadra y ver los clásicos jacales que privatizan lo público en beneficio de los que estén dispuestos a pagar 10 pesos por ahorrarse las 5 cuadras que el día de hoy motivan este escrito. Bajar los escalones que dan acceso al "coorporativo" buscando no salpicarse por esa fuente que ha sido renovada no menos de 4 veces en los 3 años que he atravesado sistemáticamente el umbral de la oficina donde he estado. Saludar al vigilante, subir al primer piso, pasar la credencial por el lector magnético, abrir la puerta y saludar a la primer cara amigable. Batallar con el lector biométrico de huellas digitales que ya no las lee desde hace como un año porque la estática que generaba y las pequeñas microdescargas (toques) han terminado por estropear el sensor. Hoy solo pasamos la credencial. Reparto unos cuantos saludos a la gente más cercana y me dirijo al extremo sureste de la oficina, este pequeño búnker que nos ha alojado desde tiempos inmemoriables (ja!) y cuenta con muebles exprofesos para nosotros, después de más de 18 meses de pugnar por ellos. Es un espacio agradable por el que han desfilado grandes personalidades de las Relaciones Públicas y privadas, desde Pandas hasta Fayosaurios. Desde condes que cuentan, apays, carrillos, panchos pantera, ocean's eleven, y demás personajes dignos de un best seller particular.
Siempre ha sido bueno poder asomarse por la ventana para ver cómo se desenvuelve la vida allá fuera, cómo Lázaro administra la parcela y ver la gente pasar.
Es aquí donde han trancurrido grandes eventos de los últimos años, cotidianos todos ellos, pero fantásticos. El reencuentro con gente de la universidad con quien nunca crucé conversación más profunda que un saludo (por aquello de la discriminación). El café de las mañanas, latte de cajeta y chocolate deslactosado. Los molletes y los panes de Sanborns con centro de piña. Los dulces, chocolates, cacahuates, tostadas, pasteles, quesos y demás peculiaridades culinarias que han hecho de los días comunes algo digno de recordarse.
Las despedidas de gente querida, el crecimiento de la oficina, de 4o personas pasamos a ser prácticamente 80 en tan solo dos años. La bonanza, la clausura, la crisis, las fiestas de fin de año, el autobús de la muerte y el Himno Nacional.
En este lugar se gestan recuerdos todos los días, es lo que se me viene a la mente mientras disfruto de unos molletes de la Finca de la VeraCruz y le doy un sorbo a mi chocolate.

Nuevamente...

Una vez más regreso a estos espacios, ha pasado algún tiempo desde la última vez que estuve por aquí.


Regreso porque el tiempo volverá a mi como su legítimo propietario y podré escribir y meditar más respecto a lo que acontencece en el día a día.

Mis días aquí están contandos. Ha sido una gran etapa donde me llevo mucho del lugar donde trabajé los últimos 3 años. Nunca había estado en un lugar tanto tiempo, y en realidad nunca había tenido una relación laboral tan fructífera como aquí. Tanto en el plano profesional como en el personal.

Ya ahondaré más profundamente al repecto una vez que concluyan de manera definitiva los procesos, y comience la nueva vida, allá, donde solo brilla el sol.