Ayer jugué fútbol y sentí eso que tenía más de 2 años sin sentir: potencia.
A lo largo de casi toda mi vida he tenido algo claro, AMO JUGAR FUTBOL, durante años, he tenido muchas cosas que se han atravesado en el camino de mi pasión, novia, relaciones, carrera, incluso planes a futuro, sin embargo, siempre estoy ahí al menos una vez a la semana jugando con todos aquellos amigos que junto conmigo, comparten el gusto por este deporte.
Lo importante aquí, es que ayer fue diferente, no hice un gran partido (como casi siempre), no metí ningún gol (como casi siempre) y ni siquiera salí exhausto (como casi siempre), sin embargo ayer sentí esa emoción que solo siento cuando estoy en plenitud física, la potencia, y aunque pueda sonar extraño, me hizo muy feliz, llegué a mi casa cansado, desgastado, pero muy feliz.
En los últimos meses he estado yendo más al gimnasio, a correr, y todo con un solo objetivo: tener mejor condición para jugar. Es de las cosas que más me hacen feliz aunque mi condición física está a años luz de lo que era hace 10 años.
Jugar me hace feliz como pocas cosas, y cada que veo un señor jugando sonrío y pienso que aún tengo muchos años por delante, ya que lo único que me preocupa de envejecer es llegar al punto donde no podré jugar fútbol.
Y ayer, aunque no di un gran partido y tengo casi 2 semanas sin entrenarme me sentí contento porque volví a experimentar la potencia, esa potencia que tenía mucho no sentir y que sin duda me motivará esta semana para regresar a correr, para regresar al gimnasio y desde luego, para seguir jugando fútbol hasta que ya no pueda hacerlo más... hasta que el cuerpo se me rompa o hasta que mi corazón deje de latir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario